Resulta que la película trataba del destiempo, de como se puede ir postergando por distintos motivos una decisión o un deseo, una verdad que sólo necesita palabras concretas para terminar de ser una realidad y de la espera y el desencuentro tomando su lugar a cambio de una ficticia tranquilidad que se manifiesta como producto de no correr un riesgo. Con la palabra destiempo se me vienen a la cabeza muchísimas cosas... desde todos los recitales que me perdí porque se dieron en momentos inoportunos, las materias perdidas de la facultad, el que ya no está más porque llegué tarde para las mentiras, el que ya no está más porque supuso que la noche era eterna, los pasos que nunca dí, la adrenalina que siento con cada corrida, hasta inclusive cosas más drásticas como una muerte cercana. Hace unos días lamentablemente falleció el padre de un amigo muy querido, después de varias conversaciones al respecto en los meses previos, aquella noche nos encontró tomados de la mano hablando una vez más, tomando los buenos recuerdos para nuevamente concluir en que debemos plagarnos de buenas sensaciones, buscarlas y vivirlas, y expresando lo que nos pasa.
Es lógico que un hecho de esta especie, nos lleve a la reflexión, a repreguntar si realmente estamos haciendo algo con nuestro tiempo o solo lo estamos dejando pasar. Supongo que no deberíamos esperar a que una circunstancia poco feliz nos haga cuestionarnos, sino que sería más productivo repensarlo cada tanto como para no perdernos en el camino, pero cada uno con su vida, y así seguramente nos desencontremos más, pero cada uno con su vida. Por mi parte, mirando para atrás creo que estoy mejor que antes, aquel que se da una vuelta por acá seguido, sabe como pienso y que intento explotar mis días mientras pueda... es así que pude afrontar algunos problemas con bastante grandeza, reencontrarme con aspectos personales que tenía relegados, y sonreír más que nunca. Hoy me encuentro en una etapa de cambios, y aún asumiendo las palabras que hablamos con mi amigo, sigo buscando encontrarme con lo que me hace bien y sigo limitándome en algunas cuestiones.
Siempre renegué contra la gente que se limita para hacer lo que quiere, más puntualmente para ser feliz. Detesto a la gente amiga de la autocompasión, a las personas que siempre intentan sentirse mal, van tras pretextos para sentirse menospreciados, o destacan sus defectos para llegar a través de la pena. Señores, todos somos capaces de experimentar algo hermoso, y no por miedo a lo que pueda venir nos vamos a aferrar algo pasado o presente que nos atormenta o nos trae desdicha. Van un paso atrás de la oportunidad que se acerca y hasta que se deciden a accionar, el destiempo ya está ocupando el lugar que los deja inmersos en otro fracaso. Los invito a dejarse llevar, a romper las barreras.
Me invito a dejarme llevar, a romper las barreras. Y aunque no use reloj, y habiendo dejado la oscuridad de las noches frías atrás, que los momentos que determinen mi camino sigan siendo parte de un nuevo día, que las palabras que duermen inquietas en la garganta salgan a la luz. Que nunca más sea demasiado tarde.
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